Seren recibió el primer golpe directo en la mejilla. Su visión se tornó borrosa. La voz de la supervivencia le gritaba que se pusiera de pie. Que no bajara la guardia. Era una arena de combates cruzados, no duelos individuales. Cualquiera podría venir contra él y rebanarle la cabeza. Cuando pudo recomponerse en la arena de lucha, todos coreaban un nombre: ¡Alfa Azim, Alfa Azim! Ese era el alfa principal del Norte, para ser preciso, del área de Azue. «Todos vendrán contra mí. Esta es una puta trampa. El Rey organizó esto para matarme sin mancharse las manos», pensó. Sus pulmones rugían por recibir aire. El alfa Azim mostró sus afilados colmillos en una sonrisa amplia. Sádica. —El alfa demonio debe retorcerse en el infierno por el hijo tan inútil que tiene. Mierd*, no pudiste detener un simple golpecito… —un impacto detuvo su oración. Noleem, el hijo del alfa del Este, del área Ther. Mejor dicho, el hijo del asesino de su padre, había encestado una patada en el estómago de Azim.
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