Cassian encontró a Noah en el lugar apartado de los cachorros, ese que se usaba exclusivamente para entrenamiento.
El alfa golpeaba trozos de roca con movimientos precisos y violentos. Cada puñetazo resonaba en el espacio vacío. El sudor le corría por la frente mientras su mandíbula se apretaba por el esfuerzo.
—Alfa.
Noah no se detuvo.
—¿Qué quieres?
Cassian se acercó despacio.
—Tengo que contarte algo. Algo sobre la vidente —la última palabra la dijo en voz muy baja.
Noah dio un último golpe.