La tela de su camisa se despegó de su piel con un sonido húmedo. La dejó caer al suelo.
Se sentó en el borde de la cama. A pocos centímetros, Noahlím se acomodaba para dormir sobre las mantas. Los puñitos cerrados junto a su rostro. La respiración se hacía más suave y constante.
Leah se arrodilló frente a él con un paño limpio y un recipiente de agua tibia. Las manos le temblaban apenas mientras sumergía la tela en el líquido.
—No se mueva —susurró.
Noah no respondió. Solo la observó.
Ella exp