La segunda noche fue peor que la primera.No por amenazas.No por ataques.Sino porque nadie volvió a hablarle.El refugio permanecía intacto, silencioso, funcional. Demasiado. Cada luz, cada temperatura, cada sonido estaba calibrado para no alterar su estado. No era protección: era observación pasiva.Serena caminó descalza por el suelo frío, una mano apoyada en el vientre, la otra rozando la pared como si necesitara confirmar que aún existía algo sólido.—Así empiezan las jaulas —murmuró—. Con cuidado excesivo.No hubo respuesta.Eso la inquietó más que la voz del día anterior.⸻En la fortaleza, Dante no se había movido del nivel inferior.No había dormido.No había comido.No había dado una sola orden impulsiva.Eso, para Zhar, era una anomalía peligrosa.—Las rutas están estables —informó Sergey—. Nadie se movió sin permiso.—Las alianzas siguen quietas —añadió Mikko—. Demasiado quietas.Mikhail se acercó más de lo habitual a Dante.—Están respetando algo —dijo en voz baja—. Y cu
Leer más