Recorro la vista por el lugar y siento que un nudo en la garganta no me permite tragar.—¿Son amigas tú y mi madre? —indago, siento que las casualidades no existen.—Nos conocimos en el avión de regreso a Toledo —responde ella, medida, exacta,solo lo justo.La chica es muy reservada, su coleta casual de la cafetería ahora es sustituida por un llamativo cabello rojo hasta la cintura.—¡Bueno, hija, debo irme! —anuncia mi madre pavoneándose hacia mí—. Ale, querida, nos vemos en la tarde.Salimos de aquí y las dudas me amargan la existencia.—¿Mamá, quién es ella? —averiguo, siento que hay algo que no encaja.—Es Aleak, cariño, en el avión hacia aquí hicimos buena amistad, ella vive aquí con su abuela, son de descendencia aborigen, dice que su abuela era de una tribu muy antigua llamada Los Demonios.El mundo se me enfría.—¿Los Demonios? —espeto de repente, más asustada que sorprendida.Ella asiente.—No parece aborigen... ella...—Sí, dice que sabe hacer muchas cosas, ella creció aquí,
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