Choque de emociones.
Mis pasos se sienten pesados, ajenos.
—Hola... ¿Qué hacen? —saludo con falsedad, mis palabras colgadas de un hilo hipócrita que voy desenredando poco a poco.
—Hola, Estela. Salimos temprano hoy... Tú... tú y Sam se fueron rápido —titubea, y un vacío ridículo late por la partida de la desgraciada de Miranda.
—Sí... yo... teníamos algo pendiente, Marcos.
—Bueno... los dejo... Recuerda, querido, mañana —dice ella, sacudiendo su cabello corto al aire, como si fuera exclusiva.
Respondo con una pausa