Isabel estaba sentada junto a la mesa, un suave sonido de risas y charlas llenando el aire. Al lado de ella, en un pequeño portabebés, Luna dormía plácidamente, envuelta en una manta de tonos suaves. La niña descansaba tranquila, ajena a la animada conversación que fluía a su alrededor, mientras Isabel disfrutaba de un plato de lasaña. Era la primera vez en mucho tiempo que podía relajarse realmente, sin estar pendiente de algún conflicto o de alguna amenaza que acechara en su vida.Hugo, Sharon, Scott y ella, compartían la comida en un ambiente absolutamente desconectado de los problemas que habían marcado su vida en los últimos meses. El sonido de los platos, las carcajadas y el aroma de hierbas italianas llenaban el aire. Nadie hablaba de demandas, ni de abogados, ni de las cosas que aún pesaban sobre Isabel. Era un momento absolutamente normal, un pequeño respiro, una pausa que necesitaba desesperadamente.Sharon, con su mirada vivaz y llena de energía, comenzó a contar una histor
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