Selene sonrió la mañana siguiente, pero fue apenas una expresión quebradiza, como una taza de porcelana vieja. Se sentó al borde de la cama, recogiendo su ropa. El calor del momento la noche anterior aún le palpitaba entre los muslos, pero la calidez emocional… esa parecía irse desvaneciendo con cada segundo de luz.Simón despertó poco después. La encontró de pie, ya vestida, peinándose con los dedos frente al espejo viejo y empañado.—Buenos días —dijo él, con voz grave, aún cargada de sueño.Selene volteó y sonrió, un gesto apenas.—Buenos.Pero esa fue toda la ternura que intercambiaron.Afuera, la camioneta esperaba. El registro del proyecto, la cita con los abogados, el viaje de regreso… todo seguía su curso.Durante el camino apenas hablaron. Él conducía con las manos tensas sobre el volante, los nudillos marcados.Fue cerca de la entrada de la ciudad cuando Simón estalló.—¿Y ahora qué? —dijo de pronto, sin mirarla—. Te he devuelto de nuevo a tu mundo.Selene parpadeó.—¿De qué
Leer más