La luz del viernes se filtraba a través de las ventanas del apartamento con esa claridad particular que solo las mañanas de finales de noviembre sabían ofrecer a Madrid. Valeria despertó con la sensación familiar de peso en su vientre, el movimiento constante de Mateo y Lucas recordándole que había cruzado la barrera de las veintiséis semanas. Cada día que pasaba era una victoria, cada hora un regalo que se aferraba con ambas manos.Enzo ya estaba despierto, sentado en el borde de la cama con el teléfono pegado a la oreja, su voz baja pero tensa mientras hablaba en italiano. Valeria reconoció el tono: estaba coordinando algo, probablemente relacionado con la seguridad o con la búsqueda de Marcus que continuaba sin resultados concretos.—Sì, capisco. No, non è abbastanza. Voglio risultati, non scuse.Colgó con un suspiro de frustración que le tensó los hombros. Cuando se giró y la encontró despierta, su expresión se suavizó inmediatamente.—Buenos días. ¿Cómo te sientes?—Pesada —respon
Ler mais