Mundo ficciónIniciar sesiónLa terraza del ático de Marco ofrecía una vista privilegiada de Milán al atardecer. El cielo se teñía de tonos anaranjados y púrpuras mientras las luces de la ciudad comenzaban a parpadear como estrellas terrestres. Enzo Costa permanecía de pie junto a la barandilla, con los nudillos blancos de tanto apretar el metal y la mirada perdida en el horizonte. Su rostro, normalmente impenetrable, mostraba las huellas de noches sin dormir.
Marco







