Lorena estaba demasiado emocionada con el viaje a New York, un viaje secreto que había planificado durante varias semanas. No le había comentado nada a Bianca. Quería sorprenderla y estaba ansiosa por ver a los mellizos y regresar a la ciudad, aunque fuera por unos días.Después de un largo viaje, esa mañana, frente a la puerta de Bianca, apareció Lorena. Al abrir la puerta, Bianca pensó que estaba soñando, pero allí, frente a ella, estaba ella. La emoción la sobrepasó y, como una niña, abrazó a Lorena con fuerza.—¡No puedo creer que estés aquí, Lorena! ¡Estoy tan feliz de verte! ¡Vaya, no me lo esperaba! —confesó Bianca, con la voz entrecortada por la emoción.Lorena la abrazó y no la soltó.—Te extrañé demasiado, te eché de menos. No te quise decir nada porque quería que fuera una sorpresa, y vaya que sí te he sorprendido —dijo, mientras se separaba de ella.Las dos se miraron, y Bianca sintió que las lágrimas salían de sus ojos.—Son lágrimas de felicidad —se apresuró a decir, not
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