El aire en la Fundación Aurora tenía la calidez dorada de finales de verano, una luz que prometía transición, de la energía vibrante de julio a la melancolía reflexiva del otoño. En su suite, Olivia ensayaba al violín una pieza nueva, una composición suya que pensaba estrenar en la cena privada por su vigésimo aniversario de boda en tres días. La música era una conversación entre dos voces, a veces entrelazadas en armonía perfecta, a veces divergentes, pero siempre encontrando el camino de regreso a un tema común. Era su regalo para Lion, una metáfora en notas. Lion, en su estudio, revisaba los últimos informes de la Academia Aurora. Clara estaba logrando cosas extraordinarias. Sentía un orgullo profundo, pero también una punzada de inquietud. El éxito de su hija, la exposición de la Fundación, los ecos de amenazas como los Nuevos Arquitectos… a veces sentía el peso de ser el pilar, el guardián constante. Hoy, ese peso se sentía un poco más pesado. Era el silencio previo a la torment
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