El regreso de Seychelles marcó un punto de inflexión interno. Clara comprendió que la batalla contra los Nuevos Arquitectos no sería táctica, sino filosófica y pedagógica. La Academia Aurora se convirtió en su trinchera. Reformuló el currículo, no para enseñar solo técnicas, sino para fomentar el «pensamiento crítico ambiental». Cada principio de diseño, cada caso de estudio, se emparejaba con una pregunta ética incómoda: ¿Quién se beneficia? ¿Quién queda fuera? ¿Qué se pierde en la búsqueda de