La noche que siguió a la explosión fue la más larga de la vida de Lion. La suite conyugal, un espacio que siempre había sido un santuario de intimidad y complicidad, resonaba con un silencio físico que era más elocuente que cualquier grito. El lado de la cama de Olivia estaba impecablemente arreglado, vacío. Ella no había vuelto.
Clara había intentado hablar con él, sus ojos brillantes de confusión y reproche, pero él no tenía palabras. Las únicas que tenía estaban envenenadas y ya las había so