El día comenzó con una claridad engañosa. La ciudad parecía moverse con su rutina habitual, indiferente a los hilos invisibles que se entrelazaban en las profundidades del núcleo. Pero dentro, el aire era denso, cargado de decisiones que aún no podían ser verbalizadas sin perder matices. Zoe llegó antes que el resto, caminando entre las pantallas como quien atraviesa un bosque de datos y probabilidades, su mente sintonizada con cada microvariación que la fisura proyectaba.—Buenos días —dijo Dante al incorporarse, su voz firme pero baja, sin alterar la concentración de Zoe—. La ventana de sincronía de ayer ha dejado secuelas más complejas de lo previsto.Zoe no levantó la vista de la consola, pero asintió con un gesto casi imperceptible. —Lo sé. Las simulaciones de segunda fase muestran interdependencias que ni siquiera nuestros modelos de riesgo anticipaban. No son fallas; son efectos acumulativos. Pero si no los interpretamos correctamente, podríamos perder la coherencia mínima que
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