33. MI PRÍNCIPE ROJO
BLAIR El cabello negro caía sobre una piel pálida, llena de venas granates que traslucían a través de la piel. Los colmillos, enormes, mucho más que los de los lobos. Esas uñas rojas aterradoras y, lo peor, los ojos. Solo escarlata brillante, nada de esclerótica, de iris, nada… solo un rojo que helaba el alma. Era la manera en la que te miraba, como si conociera todos tus más oscuros secretos. —Si haces el contrato conmigo, no tenemos por qué vernos así en la transformación… bueno, a menos que me enoje de verdad —me dijo de repente. “¿Cómo nos veríamos?”, me encontré incluso preguntándole con curiosidad. —Como mi verdadera forma. Ahora solo ves mi peor versión, querida —me dijo, quitándose unas manchas de sangre de la mejilla. Incluso abrió el grifo para hacer gárgaras de agua, que me quitaron ese sabor astringente de la boca. Todo en ella exudaba la confianza que yo nunca había tenido. “¿Qué eres en realidad, Amy?” Le hice la pregunta del millón, la que siempre había estad
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