40. UNA MANADA POR OTRA
RHETT
—Tengo un trabajo para ti —mi mano se quedó aferrada al picaporte de la puerta.
No me asombré, si sabía muy bien para lo que siempre me llamaba.
—Envíeme la dirección y características del objetivo —le dije secamente, entrando en la habitación donde encontré a Blair.
Mis ojos escaneaban los cuerpos desangrados sobre la moqueta.
Esto fue hecho por alguien mortal y despiadado, demasiado fuerte.
—Llegará a tu correo en cuanto colguemos —me respondió con esa voz de profesionalidad.
Pero podía