32. UNA DEPREDADORA ENTRE HIENAS
BLAIR
Los gritos siguieron, pero Amy se levantó con calma de la tina.
Su lentitud contrastaba con la locura en la habitación.
Miró al hombre que se estaba cayendo al suelo mientras se sujetaba la garganta que parecía una fuente de sangre.
Todo se manchaba a su alrededor.
El otro había corrido a buscar respaldo en la sala.
—Veo que te gusta jugar mucho al ahogado… no es divertido jugar sola —sonrió de medio lado, pero su risa no llegó a las pupilas enrojecidas.
Tomó su cabello y lo jaló co