El silencio no duró, nunca duraba; apenas Luna apoyó la espalda contra la puerta, con el pecho subiendo y bajando de forma irregular, algo cambió en el aire, no fue un sonido, fue una ausencia, como si el mundo, por un segundo, hubiera dejado de existir fuera de esas paredes. Y entonces lo sintió, no dentro de ella sino alrededor, envolviéndola lentamente.El vientre le ardió, pero no era dolor físico, era una presión, una expansión, como si algo dentro de su cuerpo estuviera respondiendo a algo más grande, más antiguo. Luna llevó ambas manos a su abdomen y jadeó.—No… —susurró, cerrando los ojos—. Tranquilo… estoy aquí…Pero no fue calma lo que obtuvo, fue una voz, no audible, no humana, fue un susurro que no atravesó sus oídos sino su mente.No confíes…Luna abrió los ojos de golpe y el aire se volvió pesado.—¿Quién…? —su voz salió rota.Y entonces lo vio, frente a ella, no completamente, apenas era una forma, una sombra como si la luz misma se negara a tocarla, instalada en la esqu
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