El silencio que quedó después no fue alivio, fue advertencia, como si el mundo mismo estuviera conteniendo el aliento, esperando el siguiente movimiento, y Andrey no apartó la mano del vientre de Luna porque ese pulso seguía ahí, constante, fuerte y demasiado consciente para ser solo vida en formación. No era un latido… era una respuesta.
Luna seguía sin reaccionar, pero su cuerpo ya no estaba inerte; había pequeñas tensiones en sus dedos, un leve movimiento en su respiración, como si algo dent