Luna seguía mirándose el vientre como si esperara que, en cualquier segundo, volviera a la normalidad. Que ese crecimiento imposible retrocediera, que el color desapareciera, que todo fuera una especie de ilusión cruel después de todo lo que había vivido. Pero no cambiaba. Al contrario… lo sentía más presente, más pesado, como si algo dentro de ella se hubiera despertado de golpe y ahora no tuviera intención de ocultarse otra vez.
—Dime qué está pasando… —pidió, pero su voz ya no tenía firmeza,