El silencio que quedó después de las palabras de Andrey no fue pesado, sino extraño, casi frágil, como si el mundo, por primera vez desde que todo comenzó, hubiera decidido detenerse lo suficiente para permitirles respirar. No había presión en el aire, ni esa sensación constante de peligro acechando en cada rincón. Solo calma… una calma que Luna no terminaba de entender, pero que su cuerpo, agotado, agradecía sin reservas.
Denzel fue el primero en romper ese equilibrio, aunque no con palabras.