Mi expresión era un poema de confusión absoluta. Parpadeé rápido, mi cerebro intentaba procesar la orden mientras mi cuerpo ya empezaba a obedecer por instinto. Las rodillas me flaquearon antes de que pudiera pensarlo dos veces. Levanté la mirada hacia él desde abajo, y joder… verlo así, de pie, dominante, con esa erección brutal marcándose en los pantalones, me hizo tragar saliva con fuerza.Se acercó un paso más. Sus dedos se deslizaron por mi mandíbula, me obligó a mantener la cabeza en alto, a mirarlo directo a los ojos. Con la otra mano se desabrochó el cinturón. Me morí. No puedes desmayarte. Empezó a bajar la cremallera muy despacio. Bajó los pantalones lo justo. Abrí los ojos, esa cosa saltó libre, gruesa, venosa. Era grande y estaba dura como piedra, apuntando directo a mi cara. Más grande de lo que cualquier parte racional de mi cerebro podía procesar. Apreté los muslos. Se quedó ahí, de pie frente a mí, con esa cosa dura casi rozándome la mejilla. Mi primera vez hab
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