Volvimos a besarnos. Nuestras lenguas se entrelazaron y nuestra respiración empezó a cortarse. Mis manos fueron de inmediato a su pantaloneta para bajarla, que era lo único que tenía puesto.Escuché una sutil risa y me ayudó a quitársela. Yo no tenía nada puesto, solo la manta con la que me cubrí mientras él hablaba. Una parte de mí había olvidado que estaba desnuda.—¿Cómo te sientes? ¿Te duele algo? ¿No sientes que es muy pronto?Negué rápido con la cabeza.—Me siento muy bien. ¿Por qué? ¿Cómo te sientes tú?—Yo estoy perfecto, pero no quiero lastimarte. Es tu primera vez después de mucho tiempo. No quiero que sea incómodo.Volví a acercar mi boca a la suya.—Estoy perfecta. Te quiero dentro de mí.Volvió a entrar en mí con la misma delicadeza de la primera vez, pero esta vez los dos estábamos más pendientes del otro. No dejamos de mirarnos, observando nuestras expresiones.Noté cómo tensaba la mandíbula cuando reaccionaba a mis respuestas y cómo, al acariciar mi cuerpo, se detenía
Leer más