—¿Lista, Aurora?Me miré en el espejo por novena vez. Me veía hermosa, pero incómoda. El vestido azul resaltaba mi cuerpo de forma increíble y mi cabello, recién pintado, en ondas, parecía de comercial.Pero mis piernas temblaban en las plataformas que tenía. Habíamos buscado por medio día unos zapatos que fueran cómodos. La estilista de Dante, la que escogió los bikinis, era la que me había dado este hermoso vestido; quería que nuestra presentación en sociedad fuera perfecta. Sí, lo sé, suena estúpido, pero es lo que hay.Ella quería que nuestra diferencia de estatura no fuera mucha para las fotos, así que había traído unos tacones de aguja de más de diez centímetros, cosa que claramente no pude utilizar, teniendo que cambiar el plan, cuando ya de por sí no estaba muy feliz por mi color de cabello.Le había dicho a Dante, en italiano, apenas me vio, que ese color le quitaba la elegancia a todo, pero él fue tajante con su respuesta: eso no se cambia, y había hecho el resto del día un
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