Me agarró de la cadera y me tiró al agua. El agua estaba un poco caliente.
Salí gritándole:
—¡Traidor! ¡Falso! —mientras trataba de quitarme el agua de la cara y acomodarme el cabello, riéndome—. Jamás pensé que fueras esa clase de hombre.
Se acercó a mí lentamente.
—¿Qué clase de hombre? —Puso sus manos en mi cintura y me levantó. Llevé mis piernas a su cintura y mis manos a su cuello, mientras él tenía las suyas en mis glúteos.—Perfecto. —Me dio un beso suave.—Amoroso. —Profundizó el beso.—Tu