—¿Vamos a seguir discutiendo lo que queda del viaje?
—¿Vas a prohibirme respirar? —pregunté ya molesta y exasperada.
Después de subir al auto, la cosa se puso más tensa. Medio traté de decirle algo y él se negó a hablar.
Así que cerré los ojos y traté de descansar. Sabía que lo que me pasó no era nada grave, solo que últimamente estaba sobrepasando mis límites.
Cuando llegamos a la casa, me cargó y me llevó hasta la cama. Me pidió que descansara, pero ya eran las ocho de la noche. Había dormido