Me senté frente a él y cogí una de las manzanas que estaban cortadas. Traté de ser lo más descarada posible y no fui nada sutil cuando cerré mis brazos debajo de mi pecho para que se viera más grande.
—Entonces, ¿cuál es tu plan hoy?
—Que comas. —Me entregó el desayuno—. Y después vamos a descansar y a empacar lo que queda para irnos.
—Descansar no. —Dejé los cubiertos sobre la mesa— Ya descansamos lo suficiente. Yo tenía otra idea.
Recogió el tenedor, pinchó una fruta y me la dio.
—Come. ¿Cuál