Regina se despertó y lo primero que hizo fue revisar el celular para ver si Sebastián le había mandado algún mensaje.Nada. "Seguro está bien", pensó.Dejó el celular a un lado, fue al baño a arreglarse y, al terminar, metió el celular en su bolso, lista para salir a desayunar. Apenas abrió la puerta, una bocanada de humo le llegó a la cara.Giró la cabeza y su mirada chocó con los ojos sombríos de Gabriel. Los tenía rojos y la miraba fijamente, sin decir una palabra, pero la tensión que irradiaba era inconfundible.Cerró la puerta tras de ella. El olor a nicotina le revolvió el estómago y, al ver varias colillas en el suelo, no pudo contenerse.—¿Qué te pasa? Si vas a fumar, ¡fuma en tu casa! ¿Vienes a contaminarme el aire a propósito? ¡Y tan temprano!Odiaba que Gabriel fumara. Y que la obligara a respirar su humo de segunda mano… Ese imbécil no tenía ni un poco de consideración.La mirada de él se deslizó de la cara de la mujer a su cuello, y luego a la clavícula. No había ninguna m
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