Aimunan Todo parece venir en ofertas de "dos por uno". Primero, la reaparición de mi hermano tras años de silencio, y ahora, la irrupción de la ex de Alexander en plena calle de Ulsan. Mientras el auto avanzaba, yo seguía asimilando la imagen de esa mujer. Era una belleza irreal, de porcelana: blanca como el papel, con ojos rasgados que parecían cuchillas de obsidiana y labios de un rojo tan intenso que dolía mirarlos. Con ese vestido ceñido, parecía una Barbie coreana, el estándar perfecto de este lado del mundo. El beso que le dio a Alexander me dejó entumecida. Sentí un impacto visual que me robó el aire, y solo pude rezar para que el auto llegara pronto. Alexander se veía afectado, su máscara de hielo agrietada por la sorpresa. Recordé las palabras de Jia sobre una "novia esperando", y sentí un estrujo en el corazón. ¿Qué derecho tenía yo a reclamar? Para él, yo no era más que una asistente y una compañía nocturna. —¿Y si no me gusta la respuesta? —le había dicho en el auto, c
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