La separación fue breve, pero a Brany le dolió. Cada momento lejos de él ahora se sentía como un riesgo, como si el campo de fuerza que los protegía se debilitara. Sin embargo, asintió.La entrevista con Francesca, en una oficina desordenada y llena de libros cerca de la Plaza Barberini, fue un ejercicio de catarsis brutal. Durante tres horas, Brany desgranó su vida, sus miedos, su amor por Andrey, su odio hacia la manipulación, su esperanza por un futuro diferente. Francesca era una interrogadora incisiva pero no cruel, guiándola con preguntas precisas que extraían la esencia humana del drama geopolítico.Al salir, exhausta pero extrañamente liviana, el cielo sobre Roma se había encapotado de nuevo. Piotr la esperaba en un coche.—Andrey ha conseguido algo —dijo, conduciendo con nerviosismo—. Ha logrado que tres miembros clave del consejo, indecisos, se pongan enfermos de repente o tengan “urgencias familiares”. La reunión de mañana puede que no tenga quórum. Es un respiro. Pero…—¿P
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