Andrey la estudió, su mirada recorriendo su rostro como si buscara la respuesta a una pregunta que aún no se atrevía a formular. —¿Y después? Cuando la historia se publique, cuando Mikhail aparezca vivo o muerto, cuando el polvo se asiente… ¿qué quieres tú, Branya? No lo que es bueno para mí. Lo que tú quieres.
Ella sintió el peso de la pregunta, su honestidad brutal. Podría haber dicho "volver a mi vida", "seguir restaurando arte", "olvidar que todo esto pasó". Pero esa habría sido una mentira