Londres se ve distinta desde que regresé. No porque haya cambiado siino porque yo lo hice.Cada mañana me detengo frente al ventanal de mi oficina, en el último piso del edificio Vandervert, y observo la ciudad como si intentara reconocerla. El río avanza indiferente. Los autos se deslizan como si nada extraordinario hubiera ocurrido. La vida continúa con una naturalidad que a veces me resulta ofensiva.Yo estuve muerto.Y el mundo no se detuvo.Ha pasado un tiempo desde que retomé oficialmente la dirección de la compañía. Las reuniones, los acuerdos, los contratos, los inversionistas… todo volvió a caer sobre mis hombros como si nunca me hubiera ido. Pero hay algo que no vuelve.La certeza.Trabajo. Firmo. Decido. Sonrío cuando corresponde y entre una reunión y otra, inevitablemente, pienso en ella.Priya.Sé que podría encontrarla en menos de una hora. Bastaría una llamada discreta, una búsqueda interna, un favor bien colocado. Tengo los recursos. Tengo el poder, pero no tengo el de
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