DevonEstaba demasiado delgada, demasiado pálida, demasiado ojerosa. La luz blanca del hospital no hacía más que acentuar cada sombra bajo sus ojos, cada línea de cansancio que le surcaba el rostro. Supe, en cuanto la vi, que no estaba bien. No era solo el agotamiento; había algo más profundo, algo que parecía haberle drenado la fuerza desde adentro.—Devon —dijo en cuanto me acerqué.Su voz era apenas un hilo, pero cuando me abrazó lo hizo con una intensidad que me desarmó. Me abrazó fuerte, como si temiera que yo fuera a desaparecer en cualquier momento.—Perdón por no venir antes.Cerré los ojos y le devolví el abrazo sin pensarlo. Su cuerpo se sentía frágil, liviano, como si pudiera quebrarse entre mis brazos. Tragué saliva.—¿Estás bien? —pregunté sin romper el contacto.Ella asintió contra mi pecho. No dijo nada más. La solté con cuidado, casi con miedo de hacerle daño. Al separarnos, sus dedos se quedaron prendidos de mi camiseta unos segundos más, como si le costara dejarme ir
Leer más