—Ya veo —dijo el señor Roger despacio mientras seguía trabajando—. Terrible. ¿Y eso cómo te hace sentir?—Mal —gruñí.Mi cara seguía pegada a su escritorio.Había estado hablándole durante varios minutos, quizá más, sobre cómo había terminado exactamente en ese punto de mi vida. Desde el momento en que desperté frente a una escena llena de mis casi parientes políticos muertos, hasta ahora. Parecía que desde entonces siempre había alguien que quería mi cabeza.Era agotador.Y el lobo era bueno para escuchar. De hecho, me sentía un poco mejor.Además, algo me decía que podía confiar en este lobo, por lo que no me guardé nada.—Ya —murmuró distraídamente el señor Roger, sin levantar la vista de los pergaminos—. Una pena. Entonces… ¿estás lista para que arreglemos el papeleo del presupuesto?Gruñí otra vez.—Ni siquiera entiendo por qué me odia Morgana. Sí, quizá gracias a mi pentina aparición tenga mucho trabajo, pero estoy segura de que no es un buen motivo para dejar que me maten.Roge
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