—Deja de moverte —gruñó una voz en mi oído—. Si haces ruido, alertarás a los espías del rey.Me quedé quieta al instante.Mi corazón latía a mil por hora, golpeando con fuerza contra mis costillas, pero al menos reconocí la voz. No era un desconocido.Me soltó por fin y me giré con brusquedad, todavía con la respiración descompuesta.Era el lobo con el que negocié por la cabeza de Kryos.Miré discretamente al rededor. El segundo lobo no lo acompañaba, esta vez estaba solo.Recompuse mi expresión.Le arqueé una ceja, aunque mi garganta aún estaba tensa.—¿Una nota es un inconveniente para usted?Gruñó bajo, irritado.—¿Y dejar pruebas de nuestra conversación?Tenía un punto. En teoría, esto era un secreto.Me encogí de hombros, fingiendo una calma que no sentía.—Entonces supongo que ha venido a decirme qué pasa con el resto de mi oro.Resopló.—No. He venido a darte instrucciones sobre cómo me ayudarás.Fruncí el ceño.—¿Disculpa?—Ya te he pagado todo lo que mis colaboradores y yo es
Leer más