KahiraEsta vez sí pude llegar casi hasta la puerta del templo.No había grandes multitudes, ni filas interminables de lobos queriendo presenciar una ceremonia. El camino era tranquilo y eso nos permitió bajar del carruaje y caminar sin prisa hacia la entrada.Había un par de lobos dispersos por el lugar, algunos en silencio, otros conversando en voz baja, otros arrodillados murmurando cosas.—Wow… —murmuró Elian, pegándose a mi falda.Sonreí apenas y tomé su mano, presintiendo que el cachorro se sentiría más seguro así.La vez anterior había estado demasiado concentrada en encontrar al Sumo Sacerdote como para realmente ver el lugar.Esta vez… lo vi.El templo era enorme.Las paredes blancas se elevaban con una pureza casi cegadora, como si la luz misma naciera de ellas. El suelo de mármol reflejaba cada paso, cada sombra, cada movimiento, creando la sensación de estar caminando sobre agua sólida.Columnas altas, perfectamente alineadas, sostenían un techo que parecía perderse en la
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