Capítulo 71.
—Ya veo —dijo el señor Roger despacio mientras seguía trabajando—. Terrible. ¿Y eso cómo te hace sentir?
—Mal —gruñí.
Mi cara seguía pegada a su escritorio.
Había estado hablándole durante varios minutos, quizá más, sobre cómo había terminado exactamente en ese punto de mi vida. Desde el momento en que desperté frente a una escena llena de mis casi parientes políticos muertos, hasta ahora. Parecía que desde entonces siempre había alguien que quería mi cabeza.
Era agotador.
Y el lobo era bueno p