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La maldición del Alfa - El ancestral y la descendiente lunar

La maldición del Alfa - El ancestral y la descendiente lunar

Ava Karlsen era la hija más joven del Alfa del Oeste, y también la menos querida por su padre. Con su brillante cabello color fuego, su intuitiva habilidad para luchar y su raro talento de prever el futuro, ningún hombre de la zona la quería como esposa, pero el destino la reclamaría. Por una alianza con el archienemigo de su padre, el noble Alfa del Norte y soberano de las Cuatro Regiones, se vio obligada a marcharse con ese tirano, sobre quien se rumoraba que había asesinado a innumerables lobos y que carecía de corazón y alma. Fuerte, impresionante y arrogante, Eric Ragnarsson solo anhelaba una cosa de su nueva esposa: poner fin a su maldición de una vez por todas y liberar todo su poder sellado por la Luna. Sin embargo, nunca imaginó que la indómita mujer de cabello llameante, penetraría obstinadamente todas sus barreras, disipando la oscuridad de su castillo con luz y risas, y encendería un ardor incontrolable en su interior.
Hombre lobo
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No Era una Don Nadie

No Era una Don Nadie

El día que fui a registrar el vínculo de apareamiento, Ogre, mi novio, ordenó que me expulsaran del Departamento de Asuntos Lupinos y entró con su amiga de la infancia. Al verme sentada en el suelo, incapaz de creer lo ocurrido, ni siquiera pestañeó. —Los hijos de Hayley necesitan la ciudadanía de la manada A. Cuando anulemos el registro, me casaré contigo. Todos creyeron que yo, tan devota, esperaría obedientemente otro mes. Al fin y al cabo, ya lo había esperado siete años. Pero esa noche hice algo impensable: Acepté el matrimonio arreglado por mis padres y partí en silencio hacia la manada L. Desapareciendo por completo de su mundo. Tres años después, regresé a mi territorio natal para visitar a mi familia. Mi compañero, actual presidente de licántropos, tenía asuntos urgentes del consejo, así que envió a un subordinado a recogerme al aeropuerto. Nunca esperé toparme con Ogre tras tres años de ausencia. Sus ojos se clavaron al instante en la pulsera reluciente de mi muñeca: —¿Es esa réplica falsificada de la pulsera que Raven, el presidente de licántropos, compró por dos millones de dólares para su compañera? —bufó con desdén—. Jamás imaginé que te volverías tan vanidosa. —Ya es hora de que dejes de crear escándalos. Vuelve. Como los hijos de Hayley empiezan la escuela, tú te encargarás de llevarlos y traerlos. Acaricié suavemente la pulsera —ignoraba que era la más barata de todas que Raven me había regalado.
Cuento corto · Hombres Lobo
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EN LA CAMA DEL ALFA: entre la lujuria y la venganza.

EN LA CAMA DEL ALFA: entre la lujuria y la venganza.

Después de presenciar el brutal asesinato de su familia a manos del rey Benko, la joven loba, Ocaso, jura vengarse y huye del reino de su infancia. Durante cinco años, Ocaso se esconde y se entrena en secreto, alimentando su sed de venganza. Cuando el rey Benko anuncia su búsqueda de una esposa, Ocaso ve la oportunidad perfecta para infiltrarse en el reino y llevar a cabo su plan de venganza. Con su belleza y astucia como armas, Ocaso se presenta como una candidata a la mano del rey. Mientras se gana la confianza de Benko, Ocaso descubre los secretos oscuros detrás de la muerte de su familia y se enfrenta a los verdugos que la han perseguido durante años. Pero a medida que se acerca a su objetivo, Ocaso debe confrontar sus propios sentimientos y la moralidad de su venganza. ¿Podrá mantener su identidad en secreto y cumplir su misión, o la sed de venganza la consumirá?
Hombre lobo
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La alumna del Alfa

La alumna del Alfa

Carácter, valentía, rebeldía y amargura. Son los términos que describen a Aria Jonhson. Una chica adolescente caprichosa, que obtiene lo que quiere siempre sin importar como sea. Desde la muerte de su madre y su hermana en un terrible accidente, la vida de Aria cambio para siempre. Peor aún cuando años después su padre se casó con Cassandra Wilcon, una madrastra tan terrible como cruela de vil. Aria ha sido expulsada de todo instituto en el que pone un pie, su padre harto de su terrible comportamiento decide enviarla al internado “Liberty Blue High school en Londres, Inglaterra. El cual tiene fama por ser tan estricto como un cuartel militar, con más reglas que diversión y no es para menos, ya que se encuentra a cargo de una teniente egresada de la milicia. La vida de Aria cambia para siempre una vez que conoce a Jace Daniels quien aparenta ser un simple profesor de religión, pero que esta tan ardiente como el sol de mediodía y como si fuera poco, es el alfa de una poderosa manada del recinto. Pero, ¿Qué sucede cuando Aria lo convierte en un capricho? ¿Y hará lo que sea para cumplirlo? ¿Podrá un alfa como Jace doblegarse ante los encantos de su alumna?
Romance
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Mi Madre Salvó a Mi Gemela y Me Dejó Morir

Mi Madre Salvó a Mi Gemela y Me Dejó Morir

En nuestro pueblo había una vieja costumbre. Cuando una familia tenía gemelas, la mayor debía recibir el castigo para que la menor aprendiera al verla sufrir. Solo así, decían, podían educarlas bien y lograr que ambas crecieran sanas y salvas. Yo nací cuatro minutos antes que Anita Rojas, mi hermana, así que me tocó servir de escarmiento. Cuando ella se escapó para nadar en el río, mamá no la reprendió. En cambio, me sujetó de la cabeza y me hundió una y otra vez en el agua. Solo me soltó cuando Anita, aterrada y entre lágrimas, prometió que nunca volvería al río. Otra vez, Anita se olvidó de poner a cocer la pasta. Cuando mamá regresó del trabajo y vio que seguía cruda, me puso un plato delante. —Cómetela toda. No dejes nada. La pasta cruda me lastimó la boca hasta hacerme sangrar. Durante todo ese tiempo, mamá no apartó la vista de Anita. Cuando por fin la vio llorar, retiró el plato, satisfecha. Durante dieciséis años, serví de escarmiento. Hasta que una alerta roja por huracán obligó a evacuar todo el pueblo en plena noche. Anita, que se había quedado pasando el rato con sus compañeros hasta muy tarde, regresó empapada y sonriente, como si nada hubiera pasado.
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Lo di todo por él y me humilló... ¡Ahora brillo en el MIT!

Lo di todo por él y me humilló... ¡Ahora brillo en el MIT!

Un día antes del baile de graduación de la preparatoria, Ethan me llevó a la cama. Fue brusco y me lo pidió todo durante toda la noche. Aunque me dolía, por dentro rebosaba de dulzura. Llevaba diez años enamorada de Ethan en secreto y, al fin, mi sueño se volvía realidad. Me prometió que, al graduarnos, se casaría conmigo y que, cuando heredara la familia Luciano de manos de su padre, me convertiría en la mujer más distinguida del clan. A la mañana siguiente, Ethan me abrazó y le confesó a mi hermano adoptivo que ya éramos pareja. Sentada tímidamente en su regazo, me sentí la mujer más feliz del mundo. Pero, de pronto, cambiaron la conversación al italiano. Mi hermano Lucas bromeó con Ethan: —No cabe duda, Young Boss: en su primera vez, ¡la reina de la clase se entregó solita! —¿Y a qué sabe mi hermanastra? —Se ve inocente, pero en la cama es todo lo contrario —respondió Ethan con desdén. Las carcajadas estallaron. —Entonces, ¿debo llamarla hermana… o cuñada? Ethan frunció el ceño y negó: —¿Cuñada? Para nada. Quiero conquistar a la capitana de las porristas; por si ella cree que no sé lo que hago, entreno primero con Cynthia. Y ni se les ocurra contarle a Sylvia que me acosté con Cynthia; no quiero que se moleste. Lo que ellos ignoraban era que, para estar con Ethan en el futuro, yo ya había aprendido italiano a escondidas. Sin embargo, al oír todo aquello, no dije nada, sino que me limité a cambiar en silencio mi solicitud universitaria del Caltech al Instituto Tecnológico de Massachusetts.
Cuento corto · Mafia
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Suplicaron por una Segunda Oportunidad

Suplicaron por una Segunda Oportunidad

Fui adorada como una princesa por toda la manada L. Pero el día que cumplí 18 años, mi padre, el Alfa llevó a casa a Karla, una niña huérfana que había adoptada de un orfanato. Desde ese momento, mi mundo se vino abajo. Mi hermano comenzó a preferirla… y a despreciarme. Mi prometido la protegía… y me ignoraba. Incluso mi padre decía que Karla era dulce y bondadosa, mil veces mejor que yo, su hija. El día de mi graduación, después de ser rechazada 101 veces por Karla, me paré frente a ellos y pregunté, —¿Acaso no soy tu verdadera familia? Mi padre se ablandó...por Karla, pero la abrazó con ternura mientras protegía a Karla, que tenía los ojos llenos de lágrimas, y entonces… me abofeteó con fuerza. —Eres muy malagradecida. Ojalá nunca te hubiera dado a luz. —Me repugna tener una hermana como tú. ¡Lárgate de esta casa! —añadió mi hermano. No dije nada. Solo recogí mis cosas… y me fui. Ellos creyeron que sería como siempre: que me aislaría un rato y volvería fingiendo que no hubiera pasado nada. Lo que no sabían es que esta vez no volvería. Llamé a mi madre y acepté irme a establecer en su lejana manada. Si no me quieren, vale. Haré lo que desean: desaparecer de sus vidas. Pero ahora que se dieron cuenta de que no volveré... ¿por qué me ruegan y me tratan bien?
Cuento corto · Hombres Lobo
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No me salvaste al saltar y te arrepientes ahora de mi muerte

No me salvaste al saltar y te arrepientes ahora de mi muerte

Mi prometido fue un piloto de globos aerostáticos, y su primer amor insistió en arriesgarse, volando a gran altitud. De repente, hubo una fuga de helio en el globo. En un momento crítico, mi prometido tomó el paracaídas doble y saltó con su amante. —Estoy embarazada de tu hijo, ¿puedes llevarme primero? —le pedí con lágrimas en los ojos. —¿Ahora es el momento adecuado para los celos y las bromas sobre un embarazo falso? Mariana tiene acrofobia, pero tú sabes saltar en paracaídas. Te esperamos abajo —me reprendió. Él sacudió mi mano con fuerza, sin preocupación alguna, y saltó con su amante. Pero no se dio cuenta de que el único paracaídas que me quedaba había sido intencionalmente pinchado por su amante. Yo, con el bebé en el vientre, salté desde la altura.
Cuento corto · Romance
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Me Desterraron de la Manada, y Ahora Aúllan por Mi Regreso

Me Desterraron de la Manada, y Ahora Aúllan por Mi Regreso

Cuando mi solicitud de enlace mental fue ignorada por vigésima vez por mis padres, fui al Consejo de Hombres Lobo con el informe de corrosión por polvo de plata apretado entre mis manos. —Hola. Quisiera renunciar a mi identidad dentro de la manada. Con efecto inmediato. Diez minutos después, mis padres irrumpieron en la sala, arrastrando consigo a Elisa, mi hermana adoptiva, con el rostro descompuesto por la angustia. La puerta se abrió de golpe con un estruendo, y mi padre —un Beta— entró como una tromba, con los colmillos al descubierto y las garras temblando de rabia. —¡No eres más que una niña mimada que solo busca atención! ¡Deja esta actuación patética! ¡Eres una vergüenza para el nombre de un Beta! Mi madre, especialista forense de la manada, me arrancó de inmediato el informe de las manos. Tras una rápida mirada, soltó una risa helada. —¿Falsificaste este informe solo para llamar nuestra atención? Has sido una mentirosa desde que eras una cachorra. Elisa se aferró a ambos, con los ojos llenos de lágrimas, mientras sollozaba: —Lo siento, Jimena. Fue culpa mía por celebrar el ritual de transformación. Pero, por favor… no les mientas a nuestros padres solo para hacerlos sentir culpables. La sangre seguía brotando de mi nariz, pero la limpié con calma y me mantuve firme frente a los consejeros lobunos. —Hace mucho que no tengo una familia de verdad. Por favor, eliminen todos mis registros personales de la manada. Solo quiero que mi funeral, que está programado para dentro de tres días, no sufra ningún retraso.
Cuento corto · Hombres Lobo
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Si no me amas, déjame ir

Si no me amas, déjame ir

El padre de Fernando me llamó para avisarme: tenía que hacer que su hijo, el heredero alfa, regresara a casa cuanto antes. Al parecer, ya le habían elegido una pareja para un matrimonio pactado. Pero Fernando estaba a mi lado, profundamente dormido, el torso desnudo, respirando con la tranquilidad. Pensé que era una broma, así que lo empujé suavemente con el codo y solté una risa baja. —Fernando, dicen que ya te encontraron prometida. ¿Qué opinas? Él alzó una ceja, sin molestarse en abrir los ojos, y me rodeó la cintura con un gesto perezoso. —Querida, entonces acuérdate de elegirme un traje bonito, ¿sí? Confío en tu gusto. Seguro la dejas impresionada. Me quedé en silencio, los músculos tensos. Él lo notó. Abrió los ojos y soltó una risita burlona, como si todo fuera un chiste privado. —Vaya, Ofelia, ¿esa carita qué? No me digas que de verdad pensaste que te iba a hacer mi Luna. Solo somos amantes de cama, ¿no?
Cuento corto · Hombres Lobo
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