¿Que pasa si nunca te superó?
Se supone que el tiempo es el médico definitivo, el único capaz de cerrar las heridas más profundas. Nos enseñan que los seres humanos estamos programados biológicamente para aceptar la pérdida, procesar el duelo y, eventualmente, seguir adelante. Pero, ¿cómo se activa ese mecanismo cuando no existe un cierre? ¿Cómo se continúa caminando cuando la persona que era tu norte desaparece en un parpadeo, transformándose en un fantasma que camina a plena luz del día? Incluso la muerte, con su frialdad, ofrece una respuesta definitiva; pero la ausencia injustificada es un laberinto sin salida.
Hubo un tiempo en que fui la "chica dorada" del instituto. Lo tenía todo: el futuro brillante, la sonrisa intacta y un amor que parecía blindado contra el mundo. Tocaba la felicidad con la punta de los dedos y me sentía la reina de un universo que construimos entre susurros y promesas adolescentes. Entonces, en tan solo un segundo, el silencio lo devoró todo. Me quedé vacía. Sola. Con un corazón roto que, en su agonía, juró no volver a entregarse jamás.
Me tocó recoger los pedazos, uno a uno, mientras el mundo minimizaba mi dolor. "Es solo un amor de instituto", repetían. Me obligué a ser fuerte, a sepultar los recuerdos y a no mirar atrás. Reconstruí las grietas de mi alma con un cuidado quirúrgico para permitir que alguien más entrara. Sin embargo, hoy, después de casi diez años, el pasado ha decidido reclamar su trono. Al mirar a mi prometido y la vida perfecta que he diseñado, el espejo me devuelve una verdad devastadora: a quien sigo buscando en cada rincón, en cada sombra y en cada silencio, es a él. ¿Qué pasa si el tiempo no cura nada? ¿Qué pasa si, por más que intento avanzar, mi corazón se niega a soltarte?