El amanecer en la mansión de Las Colinas se presentó con una serenidad inusitada. Por primera vez en semanas, el silencio que envolvía la habitación principal no estaba cargado de tensión, sino de la paz que solo puede proporcionar un sueño compartido. Alexander despertó antes que el sol, observando la silueta de Elena mientras descansaba a su lado. La paz que reflejaba su rostro le permitió comprender que, a pesar de los estragos, su vínculo había resistido la presión más devastadora. Se movió