El silencio que siguió a la llamada de Sebastián fue, quizás, el más pesado que Alexander y Elena habían compartido jamás. En la penumbra del restaurante, el eco de la traición de Camilla seguía vibrando entre los dos, tiñendo el aire de una amargura que superaba cualquier crisis previa. Elena miraba el teléfono de Alexander como si fuera un objeto maldito, procesando que la mujer que le había arrebatado a su primer marido, Sebastián, no se había conformado con eso, sino que había orquestado un