CAPÍTULO 36.
Kael se encontraba en el borde de la reserva, observando las sombras del bosque con el ceño fruncido. Desde la lucha con Dorian, un malestar persistente no lo dejaba en paz, una sensación punzante que no lograba ignorar.
—Clara debería haber regresado —murmuró, más para sí mismo que para Ragnar, quien se mantenía a su lado, con los brazos cruzados y la mandíbula apretada.
—Ella me prometió no desaparecer sin avisar —respondió Ragnar, con el tono grave y tenso—. Algo no está bien.
Kael asintió,