La puerta de la mansión Menezes fue abierta con tanta fuerza que golpeó contra la pared.
El sonido resonó en el enorme vestíbulo de entrada como un disparo.
La gobernanta que arreglaba flores en la mesa central se llevó tal susto que casi derriba el jarrón de cristal.
—Señor Rafael…
Él ni siquiera la miró.
Pasó de largo.
La corbata estaba torcida, la camisa parcialmente abierta en el cuello. El rostro aún llevaba marcas de la pelea —una ligera hinchazón en la mandíbula y un pequeño corte cerca