La puerta del despacho se cerró con un chasquido seco.
El sonido resonó en el amplio espacio, rompiendo el caos que había invadido la sala minutos antes.
El silencio que quedó después parecía casi irreal.
Pesado.
Espeso.
Como el aire después de una tormenta.
Los guardias de seguridad habían escoltado a Rafael fuera del edificio a la fuerza. Nelson también había salido detrás de él, intentando evitar que la situación escalara a algo aún peor.
Ahora solo quedaban los vestigios de la explosión.
Un