El silencio que siguió no fue solo pesado.
Fue devastador.
Rafael no se movió.
Por un segundo, parecía que el mundo entero se había detenido dentro de aquella pequeña sala. El aire se volvió denso, difícil de respirar.
Sus ojos estaban fijos en ella.
Pero su mente… su mente parecía muy lejos de allí.
—No…
La palabra salió ronca.
Casi inaudible.
Lorena no desvió la mirada.
—No fue así —continuó él, negando con la cabeza lentamente, como si intentara alejar una pesadilla—. Eso fue un accidente.
—