La casa de Dante estaba en silencio de nuevo.
Demasiado silenciosa.
Se quedó unos segundos quieto en el recibidor después de que la puerta se cerrara tras Lorena. El sonido del coche alejándose por la calle tranquila aún resonaba en su mente.
Ella había insistido en que no la acompañara.
—Ya te he dicho que no es apropiado —repitió ella, con esa media sonrisa obstinada.
Dante había cedido.
Otra vez.
Pero eso no significaba que le gustara la idea.
Se pasó la mano por el rostro y caminó lentament