LA MANSIÓN
La tarde caía, dorada y tranquila. Pero dentro de la mansión, el aire era espeso, irrespirable.
Sienna estaba en el invernadero, cuidando las orquídeas. El sol le acariciaba la piel con suavidad. Parecía una madre como cualquier otra.
Pero ya no había espacio para lo común.
Isabella entró sin anunciarse.
—Mamá.
Sienna volteó y sonrió, dulce.
—¿Cómo está Elías?
—Durmiendo. Está a salvo… por ahora.
Sienna notó algo en su tono. Se incorporó lentamente.
—¿Pasó algo?
Isabella s