Después de regresar a casa, afuera ya estabas oscuro.
Darío Jiménez miró su apariencia exhausta. Su hermoso rostro estaba lleno de profunda simpatía.
Señorita Fernández, todos sabemos de los acontecimientos de hoy; fue una noticia sensacional.
“No digas nada”, suspiró Isabella, “¿tienes algún medicamento?”. “Necesito dormir bien esta noche”
Sin decir palabra, Darío le entregó dos pastillas para dormir que ya habían sido preparadas.
Las tragó de un trago, tomó unos sorbos de agua y luego le