El refugio estaba lejos de todo: una casa de madera junto a un lago silencioso, en lo profundo del bosque.
Sin radares. Sin cámaras. Sin enemigos.
Solo ellos… y el eco de lo que sobrevivieron.
Isabella se sentaba junto al ventanal. Afuera, la bruma bailaba sobre el agua.
En su regazo, Elías dormía profundamente, abrazado a un oso de peluche nuevo.
Su pecho subía y bajaba con calma. Su piel ya no brillaba… pero su pulso era fuerte. Constante. Vivo.
Sebastián apareció detrás de ella con dos