Capitulo 100

El refugio estaba lejos de todo: una casa de madera junto a un lago silencioso, en lo profundo del bosque.

Sin radares. Sin cámaras. Sin enemigos.

Solo ellos… y el eco de lo que sobrevivieron.

Isabella se sentaba junto al ventanal. Afuera, la bruma bailaba sobre el agua.

En su regazo, Elías dormía profundamente, abrazado a un oso de peluche nuevo.

Su pecho subía y bajaba con calma. Su piel ya no brillaba… pero su pulso era fuerte. Constante. Vivo.

Sebastián apareció detrás de ella con dos
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