—¡Sofía, estaré esperando a que renuncies!
Cuando Alejandro ya no fuera su jefe, no tendría razón para defenderla. ¡Entonces, ya no tendría miedo! Cristina se quedó sin palabras. ¿Por qué siempre sentía que a la Sofía de antes no se molestaba, ni le importaba?
Ahora que sí le importaba, ¿podría Isabella ganarle a Sofía? ¡Estaba en duda!
***
Después de que Isabella se fuera, Sofía le agradeció a Alejandro.
—Gracias, señor Montoya, por ayudarme.
Si le hubiera dado esa cachetada, no solo Diego se h